“Ahora señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz;
porque mis ojos han visto a tu salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel”
Éstas son las palabras que forman el Cántico de Simeón, la oración que pronunció un anciano sacerdote al contemplar a Jesucristo a los pocos días de nacer cuando fue llevado al templo. Es una oración de agradecimiento y de entega muy conocida, entre otras cosas, porque forma parte de la liturgia nocturna que siguen todos los religiosos y muchos laicos.
En los últimos días ha surgido una polémica en los medios de comunicación por la inclusión en el testamento de Juan Pablo II de las palabras “Nunc dimitis”. La mayoría de los medios las han interpretado como una expresión de la intención de dimitir del Papa, traduciéndolas de algún dialecto del latín sacado de Vallecas o algún otro lugar similar. Sin embargo, las manidas palabras se corresponden con el comienzo de la traducción en latín de esa oración.
Lo que quería expresar era su agradecimiento por la vida que había tenido y renovar su entrega a lo que Dios tuviese destinado para él, tanto si era continuar con su papado como si se acercaba la hora de su muerte.
Por desgracia, los periodistas han caído en su propia trampa. El empeño que ponen todos los medios en ser los primeros en dar una noticia, en contar lo que pasa en tiempo real, les lleva muchas veces a no fijarse en si lo que cuentan es verdad, si se ha contrastado con otras fuentes o si es una visión parcial de la realidad. El periodismo de hoy se ha convertido en un reenvío de las noticias que salen de las agencias sin más procesado ni elaboración que el filtro y las manipulaciones que fijan la línea editorial.
La cobertura informativa hoy en día se paga al peso. No importa la veracidad y la calidad de la información, sino ser los primeros y dedicar más minutos. Aunque se repita lo mismo una y otra vez. El seguimiento de la muerte del Papa estos días ha sido delirante.
Parece como si cada noticia fuese el evento del siglo, hasta que al día siguiente aperece una nueva que hace de la anterior una menudencia del pasado. No recuerdo quién dijo que los periódicos había que leerlos con una semana de retraso, de modo que tan sólo las noticias que siguieran siendo noticias entonces merecen la pena haber sido redactadas. Hoy ese filtro se podría rebajar a horas y serían muchas las noticias que se quedarían fuera.
En cualquier modo, no quiero restarle importancia a la muerte del Papa, pero creo que hubiera sido mucho mejor ofrecer una información veraz y escueta de quién ha sido Juan Pablo II, qué ha hecho en su vida y cómo muerto que las toneladas de artículos y reportajes de saldo que se han repetido una y otra vez estos días.
Se me hace tarde, creo que va siendo hora de que yo también diga Nunc Dimitis
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Abril 10th, 2005 at 11:25 pm
Ha sido un poco lamentable, la verdad
Lo curioso es que periódicos como ABC o La Razón cometiesen el mismo error, cuando son los que se suponen más cercanos a la religión… Cómo está la prensa