Y caí
y el precepcio era
tan oscuro y profundo
como otras veces.
Y allí estaba ella
empujándome y tirando de mí
hacia abajo.
Y allí estaba yo
agarrándome a su mano
y esperando que esta vez
ella me salvara.
Pero no me salvó
y mis huesos crujieron
como otras veces;
pero esta vez
con un quejido sordo
que pronto se ahogó
en el silencio
de la noche.
You must be logged in to post a comment.
[powered by WordPress.]
22 queries. 0.168 seconds